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lunes, 19 de noviembre de 2012

LA VUELTA DE DARTH VADER: NO CUENTEN CON DOS DEPORTISTAS


El rumor fue creciendo en las últimas horas: Disney, reciente compradora de Lucasfilms, tiene intención de resucitar a Darth Vader para el Episodio VII de Star Wars. Va a estar difícil. Al menos que puedan contar con dos de los tres que dieron vida al oscuro padre de Luke Skywalker.


Algunos creen que Darth Vader no murió y está bien informado en algún rincón de la Argentina. Como los nazis. (foto de www.oky.com.ar) 

Es que el personaje de Darth Vader es complejo. Un actor habla por él, James Earl Jones (el mismo que le puso la voz a Mufasa, el papá de Simba, en El rey león) y dos ex deportistas pusieron su cuerpo debajo del traje negro y la inconfundible máscara. Uno no está en condiciones de bancarse horas en un set y el otro no está… más.

DARTH VADER, EL LEVANTADOR DE PESAS

No había mucha expectativa con Star Wars en 1977, por lo que George Lucas en persona se encargó del casting para algunos papeles del film. A una de las convocatorias se presentó David Prowse, un ex campeón británico de levantamiento de pesas y actor. Lucas necesita a un hombre alto y fornido, por lo que Prowse se ganó un lugar: 2 metros y asiduo participante en el certamen de Mister Universo. Adentro.

El físico condicionó bastante la carrera actoral de Prowse. Hizo de Frankenstein en tres películas distintas, una de ellas la parodia de James Bond Casino Royale (1967, con David Niven, Woody Allen, Peter Sellers, Orson Wells, Ursula Andress, John Huston –también dirige-, Debora Kerr, William Holden, Jacqueline Bisset, Jean-Paul Belmondo, el campeón de Fórmula Uno Stirling Moss, música de Burt Bacharach y vestuario de Guy Laroche y Paco Rabanne… un verdadero Dream Team para una película que hizo agua) y de guardaespaldas en La naranja mecánica (1971), entre otras varias apariciones en la pantalla grande. Pero el personaje que lo popularizó en Gran Bretaña fue el de El hombre verde, un superhéroe que enseñaba a cruzar las calles a los chicos, y que le valió, además de 19 años de jornal (1971 a 1990), la Orden del Imperio Británico.  

Prowse fue levantador de pesas y fisicoculturista, como se puede apreciar en la foto.

Prowse había sido varias veces campeón de halterofilia en Inglaterra y representó en 1962 a su país en los Juegos de la Commonwelth. En su rotation de exhibición física se hizo amigo de otros dos fisicoculturistas que también terminarían siendo actores: Arnold Schwartzenegger y Lou Ferrigno, el verdoso Hulk de la serie de TV.

Luego del casting, Lucas le dio a elegir a Prowse entre el papel de Darth Vader y el de Chewbacca. David se decidió por el primero: “Todos recuerdan al villano, George”, dijo el gigantón. Un acierto.

Para el actor y deportista fue una decepción enterarse que no sería su voz la que se escucharía en el film, ya que George Lucas quería una un poco más profunda y no tan “british”. Ahí aparece James Earl Jones en escena. O mejor dicho, detrás de escena.

Luego de su paso por Star Wars, Prowse también incursionó en varios capítulos de El Show de Benny Hill, a menudo a cuesta de su porte. Siempre con papeles cortos, pero le alcanzó para dejar huella en uno de los mejores sketches de la historia del programa, el de la fuente de los deseos (está acá, se los recomiendo, más allá de la presencia de Prowse http://www.dailymotion.com/video/x4bg4m_benny-hill-wishing-well_fun#.UKpUhuT8KSp).

La artritis persiguió a Prowse desde los 13 años. Se creyó curado cuando empezó a practicar el deporte que lo lanzó a la fama, pero los dolores volvieron con fuerza cuando llegó a la tercera juventud. En 2009, a los 74 años, al sufrimiento articular se le sumó un cáncer de próstata, del que se recuperó totalmente luego de un tratamiento de rayos y quimioterapia. Curado, pero algo machucado y añejo como para ponerle el cuerpo otra vez a Darth Vader.

Prowse, orgulloso Darth Vader. 

Prowse trabajó en las primeras tres películas de la trilogía Star Wars y, como todos saben, su personaje murió. Pero no fue el único escondido detrás del traje de Darth Vader.

DARTH VADER, EL ESGRIMISTA

En 1983, Mark Hamill (Luke Skywalker) no pudo aguantar más y deschavó a Darth Vader en una entrevista para la revista Starlog. "Bob Anderson fue quien realmente hizo las peleas de Vader, no David Prowse. Se supone que sería un secreto para siempre, pero al final le dije a George (Lucas) que no me parecía justo. Bob trabajó tan duro que se merece el reconocimiento. Es ridículo tratar de mantener el mito de que fue hecho sólo por un hombre".

Bob Anderson (1922, en Hampshire, Inglaterra) comenzó a practicar esgrima desde muy chico. Su buen manejo de la espada lo convirtió en un gran prospecto nacional, pero su carrera deportiva se vio interrumpida con su ingreso a la Armada británica antes de la Segunda Guerra Mundial. Durante el conflicto se salvó de milagro ya que el barco en el que viajaba, el HMS Coventry (no confundir con uno del mismo nombre que fue dejado fuera de acción por pilotos argentinos en 1982, en Malvinas) fue hundido por torpedos alemanes en el Mediterráneo en septiembre de 1942.

Bob Anderson representó a Inglaterra, en esgrima, en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952.

Su buen manejo de las cuatro armas de la esgrima (florete, sable, espada y, en ese entonces, también la bayoneta) le valieron un lugar en el equipo británico que fue a los mundiales de 1950 y 1953, y a los Juegos Olímpicos de Helsinki, en 1952. Y fue mientras estaba en Finlandia que recibió el llamado de Pinewood Studios para invitarlo a trabajar las escenas de esgrima nada menos que con Errol Flynn en El señor de Balantry. Anderson fue tan meticuloso y profesional, que no solo fue coach de Flynn sino que terminó actuando como su doble en varias escenas, e incluso fue el doble de su rival, por lo que terminó “matándose a si mismo”. También cuentan que durante el rodaje del film, en Sicilia, Italia, Anderson le produjo un corte en el muslo a Flynn con la espada, pero inmediatamente el actor, un caballero, reconoció que había sido por un error suyo. A partir de entonces quedó en la historia como “el hombre que apuñaló a Errol Flynn” y entró en el show business como coreógrafo y doble de peleas de espadas.

Su papel más famoso (aunque haya habido que esperar para saber que se trataba de él) fue el de doble de David Prowse como Darth Vader, ya que al forzudo le costaban las escenas de pelea con los sables láser. Lucas se decidió por Anderson para esas acciones, incluso con la dificultad para filmar que significaba la diferencia de estatura entre los dos metros de Prowse y el 1.85 del exesgrimista olímpico.

Anderson se convirtió en el maestro de la espada más solicitado de Hollywood. Como coreógrafo, coach y/o doble de peleas, pasó por más de 30 películas, entre las que se destacan Los cañones de Navarone, las bondescas De rusia con amor y Otro día para morir, Superman 2, Highlander, Barry Lyndon, La princesa prometida, Los tres mosqueteros, La máscara del zorro, La leyenda del Zorro, Piratas del Caribe: la leyenda del Perla Negra, Alatriste y todas las de El señor de los anillos.



En 2009, su compañero en la saga de Frodo y sus amigotes, el actor John Rhys-Davies (era Gimli, culo y calzón con Legolás) hace la narración en off del documental Reclaiming the blade, un film sobre las espadas en el cine, que cuenta bastante sobre la vida en la pantalla grande de Anderson, con testimonios más que elogiosos, entre otros, del fervoroso cuervo Viggo Mortensen.




Trailer del docu "Reclaiming the blade", donde se destaca a Bob Anderson. 

MALA MANERA DE EMPEZAR EL AÑO

Bob Anderson murió el 1º de enero de 2012, mientras trabajaba como asesor de The Hobbit, con fecha de estreno para Argentina el 13 de diciembre próximo. Uno menos en la lista de actores que necesitaría Lucasfilms para devolver a la vida a Darth Vader.

Antes de conocerse en Star Wars, Anderson y Prowse compartieron set en Casino Royale. Pero ya ni la magia de Disney ni su mundo de fantasía podrán juntarlos nuevamente.

Fuentes:
www.ikiwaiway.com
www.oky.com.ar

jueves, 15 de noviembre de 2012

LOS COMPAÑEROS DE JORDAN ESTÁN DIBUJADOS: SPACE JAM (PARTE I)


El secreto del éxito de Space Jam (1996) es deportivo. Se encuentra en su quinteto inicial: el Demonio de Tazmania, Lola Bunny, el Pato Lucas, Buggs Bunny y Michael Jordan. Con este equipo, no se puede perder. Es como tener en una película a Isidoro Cañones, Patoruzú, Hijitus, Larguirucho, el Profesor Neurus y a Maradona jugando al fútbol.

Un vestuario que necesita motivación. Jordan y Buggs Bunny tienen la clave. 

Y de hecho, Space Jam no perdió. La película de la Warner, que casi podrá votar en las próximas elecciones en Argentina ya que hoy cumple 16 años de estrenada, se convirtió en el film de básquet más taquillero de la historia: 90 millones de dólares solo en Estados Unidos y 230 en total, en el mundo. Bastante más que su antecesora en la cima, White men can’t jump (con Wesley Snipes y Woody Harrelson), que en 1992 había llegado a los 76 millones.

¿GUILTY PLEASURE?

Space Jam no es solo una película para chicos. Para muchos en Estados Unidos se trata de un guilty pleasure, como lo podría ser para nosotros ver las películas de la Coca Sarli o escuchar a Alcides en el MP4. Pero Space Jam es más que un placer culpable. En parte, esta cinta es al básquet lo que al fútbol significó Escape a la victoria, por la cantidad de estrellas deportivas que incluye. Porque no solo se luce Michael Jordan, sino que actúan (y no es solo una manera de definir lo que hacen, a pesar de tratarse de cameos, actúan de verdad) Muggsy Bogues, Larry Johnson, Charles Barkley, Pat Ewing, Shawn Bradley y Larry Bid, figuras de la NBA en serio. De hecho Jordan, Bird, Ewing y Barkley fueron incluidos en la lista de los 50 mejores jugadores de la historia de la liga profesional más importante del mundo. También hay que sumarles, en papeles menores, a los entonces Lakers Del Harris, Vlade Divac, Cedric Ceballos, a Paul Westphal, Danny Ainge, Alonzo Mourning, A.C. Green, Charles Oakley, Derek Harper y Jeff Malone, entre otros.

Bradley, Barkley, Ewing, Larry Johnson y Tyron Boggues. Buen quinteto incial, ¿no?

La combinación NBA-Looney Tunes es explosiva. Son los mejores en lo suyo, ambos. La película no pierde jamás el ritmo de gags y las referencias a otros filmes y al submundo del baloncesto la elevan hasta el nivel de imperdible.

MÁS FIGURAS

La historia es la típica de las películas deportivas: hay un reto, el equipo de los Looney Tunes es una pléyade de burros, pero se incorporan uno o varios que los potencian: en este caso Michael Jordan, Lola Bunny y, al final, Bill Murray, que hace un par de firuletes al estilo Magic Johnson que lo dejan muy bien parado en lo basquetbolístico.

Danny DeVito es quien le pone la voz a Mr. Swackhammer, el malísimo dueño de los Monstars (excelente elección del nombre del equipo), los rivales del Tune Squad de Jordan, Bunny y sus secuaces. Y la lista de famosos se completa con Dan Castellaneta en la platea del partido en el que los Nerdlucks (pequeños monstruitos) van al mundo real a robarse el talento de los jugadores de la NBA. Sí amigos, hay que sumarle al reparto estelar a quien le pone la voz de Homero Simpson. Cartón lleno.

EL PARTIDO

Los Looney Tunes van a ser esclavizados en Montaña Tontolandia. Para zafar, arreglan jugar un partido de básquet contra los Nerdlucks, que son más chiquitos que Nelson, el hombre rata, pero que luego, con el espíritu robado a  los NBA, se hacen enormes y atléticos. Para emparejar, los Looney Tunes van al mundo real y secuestran a Jordan, que en esa época está dedicado al béisbol, luego de su primer retiro del deporte en el que reinó.

Al igual que en Escape a la victoria, donde el partido de fútbol se lleva más de media hora de los 110 minutos del film, en Space Jam hay 20 minutos de los 88 de duración dedicados a “The ultimate game”, con presentación olímpica de los ratones Hubie y Bertie incluida.

Presentación olímpica del Tune Squad. Standing ovation para el gag del Pato Lucas.

Con un estilo muy Michael Buffer (“Let’s get ready to the rumble”), los roedores no nos saben decir en qué posición juega el Demonio de Tasmania, pero gracias a Hubie y Bertie sí nos enteramos que Lola Bunny es un ala, Buggs Bunny es el base y que el Pato Lucas es un ala pivote. Completan el equipo en el banco Porky, Silvestre, Tweety, Elmer, Sam, Sniffles, Speedy González, el Gallo Claudio, el sabueso del corral (némesis del Gallo Claudio, hoy en el mismo equipo) el Coyote y el Correcaminos (idem anterior) y el agente de Jordan Stan Podolack. Muchos más que los 12 permitidos por reglamento. La abuelita dueña de Tweety y la bruja Hazel no cuentan porque son las porristas.

SALTO INICIAL

A pesar de ser mucho más pequeño, Jordan le gana el salto al alien que tomó el cuerpo del 2,29 metros Shawn Bradley, luego de lo cual captura el balón Buggs Bunny, quien recibe un cachetazo que marca lo que será la rudeza del partido.

El Tune Squad aranca 0-6, superado en la pintura por presencia física hasta que MJ hace una personal, la vuelca y salen de zapateros. Con el partido 2-10, el ex North Carolina, astuto, pide minuto. Primer cambio: entra Sniffles y antes de los tres segundos ya está aplastado por una pelota. No vuelve a ingresar.

Lola Bunny, con un jugadón personal, pone el 4-10. Pero la levantada dura poco. Llegan al descanso largo tras de una exhibición de los Monstars, que se alejan a un aparentemente irremontable 18-66, con los Tune Squad golpeados y con el ánimo por el suelo. MJ igual se tiene fe: “falta un tiempo todavía”, asegura. En el vestuario hace una arenga que lejos está de la de Al Pacino en Un domingo cualquiera. Pero Buggs Bunny encuentra la solución: una supuesta pócima de Michael Jordan, que hace mejores a los que la beben, pero que en realidad solo es agua.

Y en este punto llega una escena de bilardismo a ultranza: Todos beben del supuesto elixir, menos el Pato Lucas, que se resiste a la trampa:

-Esto va en contra de todos lo que me enseñaron en la clase de higiene – dice el seseoso Lucas.
-¿Vos querés ganar o no? – responde Jordan, y Lucas se olvida de sus principios, ya que si no gustan, tiene otros como Groucho Marx, y se manda un trago. Algo así como el bidón de Branco del 90, pero invertido.

Los Tune Squad salen renovados y comienzan a utilizar todos los trucos que se permiten en los dibujos animados: motos, dinamita en los tableros y armas (con Elmer Gruñón y Sam Bigotes de traje y lentes negros, como John Travolta y Samuel L. Jackson en  Pulp Fiction, con la guitarra de Dick Dale en Misirlou de fondo y todo), mientras MJ hace lo suyo.

El equipo de la Warner cree que puede. Se entusiasma. Ahora la vuelcan el Deominio de Tazmania y Porky, y hasta convierte el apestoso zorrino Pepe Le Peu. A 5 minutos del final, se ponen 62-68 (nótese el parcial de 50 a 2 en 15 minutos).

Con 4:32 por jugarse, Elmer pone al Tune Squad a solo dos puntos (66-68) con una volcada tras picar en la línea de tiro libre, el brazo extendido y las piernas abiertas, como la que patentó Air Jordan en el concurso de volcadas de la NBA en 1987. Mr. Swackhammer pide tiempo muerto y pregunta por qué no le sacaron el talento a Michael Jordan. “Es un jugador de béisbol”, le contestan. Tienen razón.

En la reanudación, el juego vuelve a ponerse violento, sin que el árbitro, Marvin el marciano, pite una sola falta. No se modifica el marcador en 4 minutos y monedas, pero el Tune Squad paga las consecuencias de semejante lucha: solo queda un suplente en condiciones de entrar. No muy convencido, Jordan hace ingresar a Stan, su representante (Wayne Knight), que al tocar la primera pelota queda hecho una lámina debajo de los cinco Monstars, lo que no impide que, con mucha fortuna, sume dos puntos más.

LANZA LA BOLA, HIJO

Stan, que está casi ploteado en el parquet, es inflado con aire por la boca, y cuando comienza a subir como un globo, oh sorpresa, se ve en el tablero que el juego está 77-67 para los Monstars. Y empiezan a pasar cosas raras. Jordan se entera que en la tierra de los Looney Tunes todo eso de inflar humanos y hacer su cuerpo de goma es posible. Mira el marcador nuevamente y se ha corregido el resultado, pero no van 68-68 como sería lo normal por la progresión (no parece haber habido una elipsis en el relato) sino que indica un ilógico 77-76. Si le pasara al Huevo Sánchez estaría parado zapateando sobre la mesa de control. Pero Jordan es Jordan y no se hace drama, ya que ha ganado muchos juegos más chivos que éste.

Con 10 segundos por jugar y uno abajo, sobreviene una mala nueva: hay solo 4 jugadores en condiciones de salir al rectángulo. Y según las reglas locales (NBA, no FIBA, eso está claro) tienen que ser 5, si no, pierden. En ese momento, aparece Bill Murray como quinto jugador y MJ hace la de Pelé en Escape a la victoria: “Alguien robe la pelota, me la dan y yo convierto”.

 Bill Murray se suma en el momento justo, gana y anuncia su retiro del básquet. Un crack.

Los Tune Squad roban el balón gracias a un artilugio rayano con lo antideportivo del Pato Lucas, Bill Murray muestra sus increíbles dotes de armador, con pases de faja y otro sin mirar, y gran final con MJ volcándola con una mano y el brazo estirado como solo se puede hacer en los dibujos animados.

Fin de la historia. Pero no de lo que hay para decir de Space Jam. Lo que quedó en el tintero (personajes, director, actores, soundtrack, el aviso de Nike que dio pie a la película, uff...) amerita una segunda nota, muy pronto. "Eso no es todo, amigos..."

Fuentes:
www.imdb.com
"Un partido de leyenda", de Carlos Marañón. Ed. 8y1/2 (España)
“The ultimate book of sports movies”, de Ray Didinger y Glen Mcnow. Ed. Running Press (EE.UU.)