Sucedió el 22 de febrero de 2014. Ese día, en el programaUno contra uno, que conduce Fabián Pérez por TyC Sports, se estrenó la sección "La claqueta de UCU", un segmento de cine y básquet.
En el primer envío hablamos de Los fierecillos se divierten, con Alberto Olmedo y Jorge Porcel, algunos protagonistas contaron entretelones de la convocatoria y el entrenador de Obras, Silvio Santander, se llevó todos los aplausos al analizar seriamente el partido entre Los Ases, de Olmedo y Porcel, y los Globber Galoper, del Guri Perazzo.
Es el comienzo. Volvemos este sábado con "El lado oculto de Julio Lamas, el DT de la selección de básquet". Los espero.
Aquí, el segmento inaugural, con Fabián Pérez y el inigualable Bebe Sanzo.
Phillip
Seymour Hoffman tenía 46 años. Parecía bastante más, y su físico no daba deportista.
En Capote, el protagónico que lo
llevó a Oscar en 2006, no interpretó precisamente a un hincha de Racing o la
vida del dos de Defensa y Justicia. Sin embargo, este fenomenal actor que acaba
de descender a la B Nacional de la vida misma, coqueteó un poco con los
deportes en su enorme carrera profesional. De hecho, PSH fue guardavida en un
spa (trabajo del que resultó despedido) y siempre adujo que una lesión le
impidió desarrollar una carrera deportiva en la secundaria, aunque era hincha
de los New York Jets, equipo de la NFL que juega de local en el MetLife Stadium,
donde ayer se disputó el Super Bowl.
Pero vamos
a la gran pantalla. Hoffman debutó en cine en 1991 con un papel secundario en
una película con nombre y connotación deportiva, que no fue estrenada en la
Argentina: Triple bogey on a par five
hole (algo así como Triple bogey en un hoyo de par cinco). Se trata de la
historia de un guionista que se pone a investigar sobre tres chicos de clase
media cuyos padres, una pareja que estafaba golfistas, fueron asesinados.
Afiche de Triple bogey on a par 5 hole, debut cinematográfico de Philip Seymour Hoffman (1991).
Después,
podemos elaborar una lista que contiene filmes como El gran Lebowski (1998), una en la que interpreta a Brandt,
asistente del mismísimo Lebowski, en la que el bowling es tema central. O
también Los juegos del hambre: En llamas
(2013), una de unos cuasi Juegos Olímpicos post apocalípticos, en la que se
pone en la piel de Plutarch Heavensbee, un jefe rebelde.
Otra
conexión con el deporte en la carrera de PSH se da en Owning Mahowny (2003). Aquí tiene el papel principal: un altísimo
ejecutivo del mayor banco canadiense, fanático de los deportes, adicto a su
trabajo, aparentemente inofensivo, pero que termina realizando la mayor estafa
bancaria en la historia de Canadá, para poder pagar sus deudas de juego. Una
historia real.
En Moneyball (2011) ya el vínculo con el
deporte es más estrecho: es el entrenador de los Oakland Athletics, un equipo
que no la está pasando bien en la liga
profesional de béisbol de Estados Unidos, y al que quiere renovar su manager
general, Billy Beane (Brad Pitt), con una forma de reclutamiento de jugadores
solo basada en ciertas estadísticas. Se pelea con Pitt, pero al final, la
fórmula de Brad da resultados y Philip se tiene que comer los mocos. También
basada en un hecho real.
Philip Seymour Hoffman en Moneyball.
Pero su
máxima actuación y única con contacto real con el balón se produjo en Mi novia Poly (2004). En esta comedia,
Philip Seymour Hoffman protagoniza una de las mejores escenas deportivas en
películas no deportivas en la historia del cine. Lyle es un actor al que solo
se lo recuerda por un papel en una película de hace muchos años y le está
pagando a dos tipos para que hagan de cuenta de que están grabando imágenes de
su vida par aun reality. El es el mejor amigo de Reuben (Ben Stiler), que está
tratando de rehacer su vida con Poly (Jennifer Aniston), luego de que su esposa
lo engañara en plena luna de miel.
Las charlas
entre los amigos se dan en un playground de básquet y, entre confesión y
confesión, PSH se relata sus propias jugadas y sus tiros como si fuera un
relator de ESPN en un juego de NBA, aunque no le pega ni al parquet.
Expresiones como “Let it rain” al tirar a cualquier lado o “White Chocolate”
(por el ex base de Miami Heat Jason Wiliams), mientras intenta una penetración
con pase sin mirar que se va a cualquier lado.
Aquí la
escena, en homenaje al mejor-peor jugador-relator de básquet en la historia del
cine.
Estamos preparando la vuelta activa del blog. Mientras, les dejamos un anticipo de una películas española que se mete con el tráfico ilegal de chicos africanos para hacerlos jugar en Europa.
La nota de Carlos Marañón en el blog "Fútbol y Cine" de Cinemanía, no tiene desperdicio.
Cuando pienso en la relación Deporte+Cine, lo primero que se me viene a la
cabeza es Hoosiers (Ganadores o Más que ídolos según variaciones del título en español), esa
película en la que Gene Hackman personifica al entrenador Norman Dale que
conduce a una pequeña escuela secundaria al título estatal de básquetbol en
Indiana (sí, disculpen, les conté el final pero esto ya es un clásico de La
Claqueta, ¿o no?)
La historia, así contada, suena a la exagerada épica típica del cine, o
hasta de las clásicas telenovelas de la tarde donde la chica pobre conquista al
joven ricachón y uno descree diciendo: “Sí, claro, nadie se había dado
cuenta de que Natalia Oreiro estaba buena hasta que le sacaron la gorrita y el
jardinero”.
Norman Dale (Gene Hackman) al frente de su equipo en Hoosiers.
El tema con Hoosiers es que la
historia está inspirada en un caso real. Y digo “inspirada” porque Angelo
Pizzo, que fue el guionista (y también fue el encargado de escribir Rudy, otra gran película con el fútbol
americano como protagonista, que seguramente tendrá su lugar en este blog), se encarga
de aclarar constantemente que no es un intento de recreación de la temporada de
1954 donde la pequeña “prepa” Milan High School se quedó con el título estatal,
sino que eso fue sólo su inspiración.
En esa época, el básquet secundario de Indiana (considerado como el estado
más basquetbolero de los Estados Unidos. Para tener una idea, se recomienda
leer la biografía de Larry Bird, “Larry Bird Drive”, que tiene un capítulo
dedicado al tema) no estaba dividido en categorías de acuerdo a la cantidad de alumnos
como ahora, por lo que la gesta heroica del pequeño instituto rural ante las
escuelas multitudinarias de las grandes ciudades era posible.
Títulos iniciales y tema original de la película Hoosiers.
Hoosiers, además de ser considerado por muchos entre los mejores films
deportivos de todos los tiempos (para algunos EL NÚMERO 1), llegó a la red carpet en la entrega de los Oscar de
1986. Dennis Hopper, quien personifica a Shooter (el borracho del pueblo,
ex-jugador, padre de uno de los integrantes del plantel y asistente por
momentos del coach principal), fue ternado como mejor actor de reparto; y Jerry
Goldsmith (autor de las bandas sonoras de Planeta
de los Simios, Alien, La Misión, Rambo y Viaje a las Estrellas, entre otras) fue candidateado por la
excelente música.
La película tiene muchos puntos atractivos para el espectador deportivo
(además de una infaltable historia de amor entre el protagonista y una maestra
que mucho no nos importa). Uno de esos puntos a favor es la muy buena
recreación de lo que tiene que ver con el juego (escenas de partidos,
gimnasios, etc.) y otro es la representación de la forma en la que se vive el
juego en los pequeños pueblos de Indiana. Sin dudas en este segundo punto, es
inolvidable la escena en la peluquería, donde varios vecinos ilustres y no
tanto, cuestionan situaciones tácticas al nuevo entrenador.
La trama recorre el camino de los Hickory Huskers, el equipo de una
secundaria con 161 alumnos y un plantel reducido que viene de algunas malas
temporadas y que incorpora a un nuevo entrenador con un misterioso pasado. Para
el papel del coach Dale (quien hoy por hoy tiene su propia cuenta de twitter
@Norman_Dale), el primer elegido no había sido Hackman, sino Jack Nicholson,
quien no pudo hacerla por problemas de agenda (seguramente los días de
filmación le coincidían con algún partido de los Lakers). La llegada de
este nuevo entrenador modifica algunas cosas en el equipo, impone una
disciplina nunca antes vista, es súper estricto en las prácticas en el pequeño
gimnasio de la “prepa” (que hoy tiene su propio sitio web The Hooisergym http://www.thehoosiergym.com/ ), dedica mucho a la
parte defensiva e intenta imponer un sistema de juego de mucha paciencia, que
incluye al menos 4 pases para buscar la mejor opción (los New York Knicks
tendrían en carpeta a Norman Dale para la próxima temporada). Todo eso genera
polémicas en el pueblo y no tan buenos resultados, pero cuando están por
echarlo a patadas, aparece Jimmy Cheetwood (la estrella del pueblo que había
decidido no jugar más el año anterior) y condiciona su retorno al equipo a que
Hackman siga al frente, momento de quiebre de la película.
La llegada de Jimmy era la pieza faltante para que los Huskers enderecen su
rumbo y empiecen a ganar, avanzando etapas hasta llegar a las instancias
estatales donde la competencia es cada vez más dura. Lo curioso con Maris
Valainis (el actor que personifica a Cheetwood) es que era el único de los que
formaban parte del equipo que nunca había jugado al básquet a nivel secundario,
a pesar de su exquisita técnica de lanzamiento, que se ve claramente en la
siguiente escena (en su versión en italiano):
Nota: Sobre esta escena el actor recuerda: “me propuse no escuchar lo que
decía Gene y sólo me concentré en mi lanzamiento, y los tiros empezaron a
entrar uno atrás de otro”.
El desenlace es el que todos esperan, y allí es donde se encuentran los más
fuertes puntos de contacto con la historia real en la que se inspiró Pizzo. Los
Hickory Huskers llegan a la final estatal frente a una escuela potencia en esa
época (al igual que le pasó al Milan High School), jugando en una cancha del
tamaño que nunca habían visto en su vida (se filmó en el estadio de la
Universidad de Butler donde se definió el título del 54). Allí se produce la
memorable escena (recreada por muchos entrenadores y que también pasó en la
historia original) de medir el aro y la línea de libres para simbolizar que en
lo que importa es igual que en su pequeño gimnasio. Es más, los últimos
18 segundos están recreados de manera muy similar, y el tiro ganador de Jimmy
(Bobby Plump en la versión Milan High School 54) está lanzado casi desde el
mismo lugar.
Tiro final de Jimmy Cheetwood en la película Hoosiers.
Obviamente, después de la victoria todos festejan, todos felicitan al
entrenador, todos celebran su forma de trabajo, todos confiaron en él desde el
primer momento (suena muy real,.¿no?), la historia de amor termina como siempre
pasa en las películas, y Hoosiers se
consagra para siempre en la memoria de los fanáticos que la siguen (seguimos)
venerando, además de un reconocimiento en el Hall de la Fama del Básquet de
Indiana en el año 2012.
Lo que viene, lo que viene: Hoosiers
merece otro post... y lo tendrá, con curiosidades de la película, de sus
protagonistas y de las similitudes con la historia real.
Se escuchó
mucho, tras la derrota de hoy de Juan Martín del Potro ante Novak Djokovic
en semifinales, que el césped volvió a ser esquivo para los argentinos. Que
estuvieron cerca (Nalbandian llegó a la final en 2002 y perdió con Lleyton
Hewitt) pero que nunca un compatriota pudo levantar el trofeo en el All
England. No es cierto. Hubo un argentino que ganó Wimbledon. Ese argentino es Guillermo Vilas.
Fue en su
única participación como actor en un film, en la película Players (1979). Allí,
Vilas se personifica a sí mismo y enfrenta en la final de Wimbledon al
protagonista, Chris Christensen (Paul-Dean Martin, hijo de… sí, Dean Martin),
un jugador norteamericano del montón que, en medio de un romance con una
enigmática señorita, empieza a jugar bien y termina en la final del Abierto
Británico.
Afiche de la película Players, en la que Vilas gana Wimbledon.
En Players,
que está basada en un libro, Willy es el monstruo a vencer en el partido
decisivo. Todo arranca mal para el yoni, que ve como los dos primeros sets se
van 6-1 y 6-4, pero llega la chica (Ali MacGraw, que venía de un exitazo como
Love Story, con Ryan O’Neal), él la ve en la tribuna del All England, y cambia
el partido (cualquier similitud de argumento con Wimbledon, la de Kirsten Dunst
y Paul Bettany que dan cada tres días en el cable, es pura coincidencia). Con
esfuerzo se queda con el tercer y cuarto set gracias a un doble 7-5, y llegan
parejos al final del quinto. Parece que el hijo de Dean Martin lo va a conseguir,
pero el argentino le arruina la fiesta. A pesar de dos globos muy cortos, poco
dignos del verdadero Guillermo, Christensen la deja en la red y Vilas gana el
set definitivo 7-5. Slow del mini festejo del mejor jugador argentino de todos
los tiempos, y andá a cantarle a tu viejo con Jerry Lewis.
En la vida real,
Vilas, que acuñó la famosa “el pasto es para las vacas”, nunca pasó de cuartos
de final en el British Open.
La película
en la que Vilas gana Wimbledon ni se llegó a estrenar en el país y pasó sin
pena ni gloria por el resto del mundo, aunque por su actuación en ella, Paul-Dean
Martin se llevó una nominación al Globo de Oro como revelación. Es que Martin,
además de actor, era también tenista, y de hecho, pidió como condición para
participar del film que se rodara fuera de su calendario de competencia. Martin
hijo llegó a jugar el torneo de junior de Wimbledon.
En Players,
Martin no solo muestra sus dotes con la raqueta. En un parate de su gira
tenística, ya noviando con la chica, se mete a jugar al fútbol en un picado con
unos nenes, que lo sacuden para que tenga un par de veces. Pero, héroe al fin,
Martin hace un gol y lo festeja como si fuera el de Caniggia a Brasil en el 90.
Paul-Dean Martin trabajó en otra película deportiva: Corazón sobre ruedas,
de automovislimo.
EL DEBUT
ACTORAL DE MCENROE
Varias
figuras del tenis de los 70 y 80 participan con cameos en este film: el rumano
bigotón Ion Tiriac, entrenador de Vilas; John McEnroe, que dio su primer paso
en la actuación aquí y luego estuvo en
muchísimas películas, casi siempre burlándose de sí mismo o comentando tenis
(Zohan, la ya nombrada Wimbledon, Locos
de ira, La herencia del Sr. Deeds), otro rumano como Ilie Nastase (número 1 del
mundo en 1973, ganador de Roland Garros y el US Open) y el primer marido de
Chris Evert, John Lloyd.
EL INDIO
QUE AMARGÓ A JAITE
Párrafo
aparte para Vijay Amritraj, que luego obtuvo un pequeño papel en Octopussy (de
la saga James Bond) y en Star Trek IV (era capitán de una nave espacial).
Considerado uno de los mejores tenistas indios de todos los tiempos (fue 16to
del mundo en 1980), protagonizó una épica victoria en el quinto partido de la
semifinal entre India y Argentina, sobre Martin Jaite, en 1987. Gracias a ese
punto, los hindúes llegaron por segunda vez en su historia a la final por la
ensaladera de plata, logró que habían alcanzado en 1974.
El guión es
de Anrold Schulman, también guionista de Y la banda siguió tocando (una de las
primeras películas que tocó el tema del SIDA), Tucker: un hombre y su sueño (de
Coppola), Cimarron y A chorus line, entre otras. Y su director, Anthony Harvey
también dirigió, entre otras, El león de invierno, ganadora de tres Oscars y en
la cual también estuvo nominado como mejor dirección.
En ese
mismo año de 1979 se estrenó otra película de tenis, que tuvo menos repercusión
incluso que Players. Se trata de Racquet, también con Ilie Nastase y el debut
cinematográfico del sueco Bjorn Borg.
BONUS TRACK
Un video de un particular que consiguió participar como extra de la película y filmó el backstage. Obviamente, está Willy.
Están
pasando cosas piolas en el mundillo que rodea al cine y los deportes. Primero,
en el Turner Clasic Movies Film Festival de Hollywood se proyectará mañana Le
Mans, una de las joyas del cine deportivo, top 3 de las películas de
automovilismo. Con Steve McQueen en la piel de un piloto de carreras ( en efecto, su otra pasión), que vuelve a correr después de un terrible accidente. Alguna vez, el protagonista de Papillon (siempre producirá algo
en mi interior nombrar este film) dijo: “A veces no sé si soy un actor que
corre carreras o un piloto que actúa”.
Esta
película de 1971 fue filmada en gran parte durante las auténticas 24 Horas de
Le Mans de 1970, por lo que, además del bonito Stevie en su mejor momento, se
pueden ver escenas de automovilismo real.
Trailer de la película Le Mans, con Steve McQueen (1971).
El marco es
un festival de cine clásico, que este año se hace bajo el lema “Viajes en
películas” y en un lugar mítico para los
cinéfilos: el Barrio Chino de Hollywood. Son 4 días para hacerse una panzada,
pero bueno, para disfrutarlo hay que estar ahí, en plena California. Un detalle
menor.
Antes de la
película, va a haber una charla con Chad McQueen (a Steve, por obvias razones,
se le hace imposible estar) y los pilotos Derek Bell y Vic Elford, que hablarán
de su experiencia durante la filmación. Sí, quisiéramos estar ahí.
Además de
Le Mans está programada The Swimmer, una muy buena de natación no competitiva,
pero que vale la pena ver. Un señor de clase alta de la afueras de New York
(Burt Lancaster) se da cuenta de que todas las casas de su zona tienen pileta y
decide recorrer el valle entero nadando, de alberca en alberca, charlando con sus amigos y vecinos y contando
un poco su vida.
FÚTBOL A LA
FRANCESA
La
estrenaron en septiembre en Francia. Se viene el estreno en España. Y la
queremos acá. Una buena comedia de fútbol, Les seigneurs(Un buen equipo es el
título con el que verá la luz en las tierras de Gaby, Fofó y Miliki).
Afiche de la película Les Seigneurs, con un simil Rifle Varela de TN en el arco.
Un ex
jugador francés que vive retirado en la isla de Moléne comienza a convencer a
sus ex compañeros de la selección francesa de fútbol, ninguno en su mejor
momento, para que jueguen en el equipo local con el propósito de avanzar en el Torneo
de Copa, recaudar mucho dinero y salvar así a la fábrica de conservas local,
que es la que mantiene a flote al comercio isleño. Arrancan a los trompicones,
enderezan y van a jugar nada menos que el partido definitorio con el Olympique
de Marsella.
El film es
de Olivier Dahan (el de La vie en rose, la película que retrata la vida de
Edith Piaf) y tiene a un par de muy buenos comediantes franceses (Omar Sy, el
de Amigos inseparables, que además dice Carlos Marañón, de Cinemanía, es el que
mejor juega; observen también el parecido, de rostro y peinado, de Ramzy Bedia con el
popstar de las noticias de TN Rifle Varela).
Les
recomiendo ver el trailer (en francés, pero se entiende), el trailer tipo FIFA 13 y leer la nota que
hizo Marañón en su blog de Fútbol y cine, que él sí la vio.
Como en el libro “Crónica de una muerte anunciada”, Ring of
fire: The Emile Griffith story (2005) arranca y te cuenta todo de un saque: que Emile Griffith mató a un rival
en el ring el 24 de marzo de 1962, en el Madison Square Garden de Nueva York en una pelea por el título, televisada en vivo y en directo. Y
que lo hizo porque le dijo maricón. Lo único que deja para un poco más adelante
es que Griffith se enojó porque no es “maricón”, sino que le gustan los hombres y las
mujeres por igual y no sabe bien qué es. ¿No queda nada para después? Sí, queda
todo.
Queda la historia de un boxeador llegado a Estados
Undidos desde Islas Vírgenes en los años 50, un grande de la categoría mediano, seis veces campeón mundial, que
tuvo que ocultar su bisexualidad durante décadas porque ser bisexual o gay a
mediados del siglo XX ya era difícil. Y ser además un boxeador bisexual…
olvídate. También queda la historia de Benny Kid Paret, el cubano que sufrió la
furia de Griffith, la historia de su viuda y su hijo. La historia de un deporte
que muchos no quieren llamar deporte y que cada tanto, cada muerte, desempolva
el debate.
Griffith descargó más de 20 golpes sobre el indefenso Paret, que murió 9 días después en el hospital, sin haber vuelto nunca en sí después del nocaut.
Queda también el relato de una época, las imágenes de
una rivalidad histórica (tres peleas por el título mundial mediano, siempre con cambio de dueño). Y también queda el papel de los medios. Queda ver a Benny Paret (que
había tirado y dejado casi nocaut en el sexto a Griffith) inconsciente en el
rincón en el que su rival lo había molido a golpes de bronca(Paret recibió unos 25 golpes sin atinar defensa, y solo se mantuvo en pie porque Griffith no lo dejaba caer, ya que lo tenía preso contra las cuerdas) , mientras un
periodista entrevista al nuevo campeón, que no puede dejar de ver a su rival mientras
es atendido. Paret no murió en el ring. Falleció 9 días después en el hospital,
sin haber recuperado nunca la consciencia.
Queda, obviamente, la verdad de Griffith, que no era
un tipo violento. Queda verlo como diseñador de sombreros en su
juventud, y verlo hoy, como un abuelo que reconoce su condición sexual y que ya no puede reconocer muchas cosas más. Y que,
pese a haber hecho otras 80 peleas después de la de la desgracia, jamás volvió
a ser el mismo. “Muchas veces he contenido la fuerza de mis golpes por temor a
repetir la historia”, confesó años después el virginiano, el púgil con más rounds disputados en la historia del Madison Square Garden.
BOXEADOR Y BISEXUAL
Griffith no fue condenado socialmente por lo que pasó
con Paret, y esto se lee en un detalle de su carrera: pudo volver a pelear y a ser campeón del
mundo. Pero Griffith sí fue condenado por su condición sexual,
reconocida en parte en una nota de Sports Illustrated en 2005, a los 67 años, y en
2008, confirmada por el libro “Nine-Ten-and Out”, del periodista Ron Ross. “Yo
maté a un hombre y la mayoría de las personas lo entiende y me perdona. Sin
embargo, yo amo a un hombre y eso para muchas personas es imperdonable”. Un
cross de Griffith al mentón de la pacatería y la hipocresía de una sociedad, que, por
ejemplo, no tiene reparos en mandar a sus hijos a la guerra constantemente.
“Esto del boxeo no es nada en uno de los países más violentos del mundo como
Estados Unidos”, dice el periodista de origen latino Juan González en el
documental.
Griffith tenía el físico perfecto para un boxeador.
Queda de nuevo escuchar a James Brown en el inicio,
con su magistral y quirúrgicamente ubicado “It’s a men's world" (Un mundo de
hombres). Y el relato de cómo Griffith terminó en el hospital por 5 semanas en
1992, cuando una patota lo dejó al borde de la muerte a la salida de un boliche
gay, lo que le generó problemas en la memoria a corto plazo (es impactante ver
en el documental a Griffith reconociendo que no recordaba de qué murió su
madre). Queda ver a su esposa. Sí, se casó con una mujer.
LA CONEXIÓN ARGENTINA
A nosotros nos suena el nombre de Griffith por sus
peleas por el título con Carlos Monzón, ambas con victoria del santafesino (KO
14 el 25-9-71 en el Luna Park; y por puntos en Montecarlo el 2-6-73). Griffith
también protagonizó una serie de tres peleas memorables contra Nino Benvenutti.
El italiano le arrebató el cetro mundial
mediano en 1967, Griffith lo recuperó el mismo año ante el mismo rival y lo
volvió a perder un año más tarde, también ante Benvenutti, que sería campeón
hasta el recordado 7 de noviembre de 1970, cuando Monzón, en Roma, lo noqueó y comenzó su reinado de 7 años y 14 defensas. Al igual que con Monzón, Benvenutti trabó una gran
amistad con Griffith. De hecho, el hijo del italiano fue a Nueva York para
recibir clases de boxeo con Emile Griffith.
Tapa de la revista El Gráfico, luego de su segunda defensa del tíutlo, en 1971, en la primera de las dos peleas que hizo con Griffith.
Vale la pena verlo. Incluso vale la pena ver todo el
documental, entender el relato y seguir la historia, solo para llegar al final
y llorar a moco tendido con el encuentro entre Griffith y el hijo de Kid Paret
en el cementerio, más de 40 años después del trágico combate. Queda ver a un
hijo que creció sin su padre y a un hombre que murió un poco aquel 24 de marzo
de 1962.